Escribiendo sobre política: el debate


Es bien conocido que en las universidades y colleges de USA se practica como parte del currículo escolar la formación de equipos y la realización de debates sobre diversos temas de la vida cotidiana. Los estudiantes que sienten inclinación por la carrera diplomática o política saben que deben foguearse desde un principio en dichas contiendas, aprendiendo a manejar la postura, el tono de voz, los argumentos y contra argumentos, la imagen y el “timing”, es decir, el ritmo para lograr buenos resultados en los intercambios de opiniones incluso para los temas más álgidos. Desde jóvenes aprenden a regirse por unos puntos de agenda, una minuta y un moderador para respetar el debate y llevarlo a feliz y productivo término.

En Venezuela se perdió esa práctica la cual era cultivada en nuestros centros educativos hasta mediados del siglo pasado, quedando apenas la realización de asambleas en algunos sistemas de aula abierta (cuyo modelo es internacional). Esto ha traído como consecuencia una incultura generalizada para la realización de juntas que sean para la discusión y no para la imposición, para la búsqueda de acuerdos beneficiosos y no para la descalificación de unos por otros, para la disertación y no para la acusación, etc.

Debido a la pérdida de esa práctica en escuelas y liceos, la formación de los llamados “cuadros políticos” ha terminado siendo fruto de eventos azarosos más que de una programación formativa en la argumentación y el discurso desde niños. El joven o la joven interesados en hacer carrera política deben primero que nada tener “pico de plata”, es decir, tener un talento natural para hablar convincentemente en público. Luego deben apegarse como puedan a lo que medio entienden que es la ideología de un grupo político X. Allí deben acatar sumisamente los lineamientos de la doctrina ideológica del partido y defenderla con su talento natural en público donde sea y la mayor cantidad de veces. Mientras más ahínco se ponga en dicha defensa y más veces se exponga mejor. El joven o la joven se vuelven más “candidateables”

En este punto es bueno destacar que ya la idea de “contraponer ideas” o “debatir” no existe. Se trata simplemente de la mejor defensa de un conjunto de argumentos pre establecidos y aceptados como únicos según las premisas doctrinarias del partido X o del partido Y. Cuando mucho ocurren en el seno de los partidos variaciones discutidas sobre un mismo tema pero sin cambiar el fondo. Allí se aprende además lo que es la imposición por jerarquía de ideas y líneas.

El político aprende a formarse entonces en el dogma, no en el consenso y mucho menos en el disenso. Su condición de civil no lo aleja mucho de la práctica militar de “no pensar sino obedecer” cuando de preservar su potencial ascenso en el partido así como probables cargos públicos se trata, pues en los partidos también se impone el más viejo, el más astuto o el más “conectado” con las fuentes de poder (y dinero)

Ni los políticos ni los no políticos aquí saben entonces que significa eso de “debatir” y mucho menos lo que es la práctica del debate. Aquí se conoce mejor y se practica a todo nivel la imposición “a lo arrecho” de ideas o decisiones o el logro por la vía del amiguismo, la amenaza o la corrupción, desde la más pequeñita hasta la más grande. Ningún político ni del gobierno, ni pro gobierno ni anti gobierno, escapa a esa realidad cultural. Tampoco los ciudadanos. El ejemplo perfecto siempre será el de las juntas de condominio y sus lamentables saldos de peleas, ineficiencia, corrupción y pocas soluciones cuando está en juego el arreglo de cosas de los y para los propios vecinos.

No se sabe debatir y se es muy vulnerable a la corrupción. Allí hay dos raíces fundamentales de los problemas venezolanos.

Los dos recientes encuentros de pre candidatos de la agrupación política de oposición llamada “Mesa de la unidad” (MUD) no escapa a esta realidad. Lo que hubo el 14 de noviembre y el 4 de diciembre no fueron debates, contraposición de ideas o confrontación, lo que en realidad hicieron fue partir un mismo discurso antichavista en varias partes: una parte para cada participante de los “debates”

La foto de los “debatientes” agarrados de la mano se ve bonita en las primeras planas de los periódicos interesados. Seguramente venderá mucho en USA, en donde es natural mirar debatir en TV a los aspirantes a cargos públicos y propagará la idea de que los que no están con Chávez “si saben debatir” y apoyan la pluralidad y la diversidad, etcétera. A todo esto ayuda la ausencia de debates PÚBLICOS del partido de gobierno lo cual atornilla la idea de que allí sólo manda el mandamás presidente del país.

Pero la realidad es que ni estos ni aquellos debaten. Es que no saben con qué se come eso.

Esa incultura nos cuesta mucho y nos seguirá costando por mucho tiempo hasta que nos dediquemos en verdad a cambiar primero las estructuras mentales antes de pretender cambiar las físicas.

Imagen de Pat

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