Cuatro artistas, la misma intolerancia


Dudamel

Cuando la madrugada del lunes 28 de mayo de 2007 Gustavo Dudamel dirigió el himno nacional de Venezuela en el inicio de transmisiones del canal público TVES, una famosa bloguera larense retiró inmediatamente de su página un artículo reciente donde ensalzaba la grandeza del músico y la importancia del premio a la latinidad que recibiría ese año. Ella desdeñó a su paisano por el hecho de dirigir el himno en un canal “del gobierno”. Lo mismo hicieron muchos: criticaron y se burlaron de Dudamel abierta, soterrada o irónicamente por haber hecho eso. Mi reacción en el momento fue esta.

Winston Vallenilla

El pasado 3 de diciembre de 2011 se presentó el animador ex RCTV Winston Vallenilla en el concierto de cierre de la cumbre de la CELAC. Su actuación produjo dos oleadas de escritos y opiniones: los anti gobierno pusieron el grito en el cielo al ver a este popular muchacho emblema de un canal de oposición, animar un evento percibido por ellos como “chavista”. Los pro gobierno se escandalizaron por la misma razón, se preguntaban quien había permitido a Winston animar un evento de esa magnitud en vez de poner alguien “del proceso” o al menos no tan “de oposición” como demostró ser este animador en años anteriores. Para ellos el evento también era “chavista”. Winston tuvo que aclarar que su participación fue apolítica y ad honorem, pero los insultos y descalificaciones le llovieron por igual desde todos los bandos.

Desorden Público

Desorden Público, una agrupación de ska con décadas de trayectoria metida hasta el tuétano en conciertos organizados por instituciones del Estado y con fuertes respaldos económicos devengados por el gobierno para la realización de sus propias producciones y giras, criticó al gobierno a finales del año 2010 en un concierto privado en el Teatro Bar. Sus dos principales figuras, Horacio Blanco y Caplís, dijeron varias groserías, acusaron al gobierno y en particular al periodista José Vicente Rangel (ex vicepresidente de la república) de hacer negocios con las armas, se quejaron por la inseguridad reinante impunemente en el país, declararon que antes se vivía mejor, etcétera. Hicieron una catarsis como han hecho también en otros conciertos privados sólo que esta vez alguien los filmó y un año más tarde ese video salió en YouTube produciendo una oleada de rechazo por parte de los chavistas. Horacio Blanco se presentó a los dos días en un programa de radio pro gobierno y pidió disculpas encarecidamente por el desplante. Los locutores lo acorralaron en varias ocasiones queriendo llevarlo a un terreno movedizo más allá de las disculpas que ya largamente había explicado Horacio. Esas disculpas produjeron entonces una avalancha de insultos y descalificaciones pero esta vez desde el lado antichavista desde donde se percibió dicha conducta como una sumisión “interesada” o como una censura. El efecto inmediato fue la suspensión de conciertos en espacios de instituciones del Estado, justificada por las fuertes lluvias que caían en el país y la no transmisión de un micro protagonizado por Desorden Público por los canales públicos.

Huáscar Barradas

El flautista maracucho Huáscar Barradas se presentó junto con su cuatrista Jorge Polanco en una entrevista en el canal del estado VTV. Allí recibieron una llamada telefónica del presidente de la república, Hugo Chávez, felicitándolos por su trabajo y su nueva producción a lo cual Huáscar respondió dedicándole una corta interpretación del aguinaldo tradicional “Niño lindo” no sin antes desearle al presidente que se curara pronto para que estuviera varios años más en Venezuela. Estos deseos del músico desataron la furia antichavista en varios medios, principalmente digitales, descalificándolo, despreciándolo e insultándolo.

Estos son cuatro casos de intolerancia por razones políticas. Tres de ellos por actuar en cosas del gobierno y uno por, primero criticar al gobierno y luego por pedirle disculpas a ese mismo gobierno. Hay muchos otros casos, pequeños y grandes.

Estos cuatro casos son emblemáticos porque en ninguno de ellos sus protagonistas han abrazado abiertamente un color político ni manifestado su pertenencia a un partido político. De hecho, Dudamel, Winston, Horacio y Huáscar manejan constantemente un mensaje de paz, de unidad y de alegría, sin embargo, quienes se creen jueces infalibles del desempeño artístico y dueños de la verdad absoluta en términos políticos obvian sus mensajes y los condenan por sus actuaciones. Chavistas y antichavistas por igual. Se comportan EXACTAMENTE DE LA MISMA MANERA y DICEN LAS MISMAS COSAS.

Dudamel ama dirigir el himno nacional donde y cuando sea, es una “figura país”, representa internacionalmente a Venezuela, a este Estado, a cargo del cual se encuentra el gobierno de turno. Es un ícono del éxito venezolano en el arte y una figura fundamental para las nuevas generaciones.

Winston Vallenilla es un personaje carismático, su discurso dolido por la salida del aire de RCTV no desmerita sus mensajes públicos actuales de hermandad, su buena vibra, su adhesión a una campaña de desarme, su visión de la CELAC como un evento de unión de naciones por encima de un tema politiquero y, ultimadamente, si su plan es ganarse la vida con su trabajo pues está perfectamente en su derecho pues NO LE HACE DAÑO A NADIE y es un trabajador.

Desorden Público tiene décadas de buena música, de reinventarse, de significar la protesta, la denuncia de las cosas malas de este y de anteriores gobiernos. Es una banda necesaria. Más allá de la discusión sobre su falta de profesionalismo por personalizar en público sus reclamos en contra del gobierno actual o por su falta de coherencia por pedir disculpas por las groserías (más no por las denuncias), Desorden tiene y debe tener todo el derecho a expresarse libremente en este y cualquier gobierno y el Estado no debe pasarle factura por sus opiniones.

Una política cultural que no ha sembrado de verdad la cultura entre los venezolanos y que condiciona el apoyo a iniciativas culturales y artísticas a la preferencia política (tal como se condicionaba antes a la palanca o a los realazos), es una política cultural fracasada que no ha cambiado nada la realidad del país.

Huáscar Barradas, un músico que ha construido su carrera con sus propias manos, representante de la musicalidad venezolana tanto de sonidos tradicionales como sonidos modernos y sus mezclas. Orgullo venezolano fuera y dentro de nuestras fronteras, quien maneja además en público un mensaje fraternal, de paz, de construcción, está en todo su derecho y cristiano deber de desearle el bien a quien quiera, de llamar al equilibrio y a la tolerancia con ese gesto sin tener que emular la enfermiza costumbre de muchos de pretender odiar y desear la muerte por simples diferencias políticas.

Ojalá quienes más defienden la libertad, la tolerancia y la diversidad sepan asumir integralmente y de verdad esos tres elevados conceptos y no con la relatividad de quienes miran la paja en el ojo ajeno y se hacen los locos con la viga del propio.

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