Siendo un poco localistas esta vez revisemos lo que ocurre con la oposición política en Venezuela en medio de esta ya más de una década de gobierno auto denominado revolucionario y más recientemente socialista.
La oposición política, que llamaremos OP, está conformada por diversos tipos de personas pero los más importantes son dos: los políticos y los empresarios. Esos son los tipos de personas que realmente deciden y ejecutan la oposición al gobierno. El resto de los mortales, los de a pie, los de los churupitos, quince y último, los honrados usuarios de su carrito o su carrazo, su metro o su autobús, esos, esos no deciden mayor cosa ni dirigen acciones políticas. Son apenas importantes para los políticos y para los empresarios cuando se convierten en un voto, en una imagen de propaganda electoral o en un consumidor, un cliente. De resto nada de nada importan para los planes de poder o de dinero.
Desde un principio entonces esta OP ha buscado agenciarse la simpatía de ese resto de mortales pero sólo en la medida en que esa “simpatía” se traduzca en voto, imagen electoral y consumo. Así, crudo y sin cortapisas. El resto de las consideraciones que mencionan en prensa, radio o TV sólo forman parte, en prácticamente todos los casos, de una estrategia de mercadeo, donde artículos como “libertad”, “autonomía”, “derechos”, “libertad de expresión”, “propiedad privada”, etcétera, siempre rinden jugosos dividendos cuando se usan en forma dramática y en posición de víctimas aunque en el fondo sean los conceptos que ellos mismos terminarían atacando con mayor ahínco si les dan
El problema, en el caso de Venezuela, es que la línea argumental más utilizada es la del rechazo al Socialismo con todas sus aspiraciones de “igualdad de derechos y oportunidades” que se supone significa ese ideario político. Entonces cualquiera de la OP debe esgrimir planes, ideas, gritos, discursos, etcétera, que sean precisamente contrarios a la “excesiva“ igualdad de derechos o de oportunidades, debe bordar finamente el verbo para defender, sin decirlo, el derecho de las élites, para apoyar incondicionalmente, pero condicionando en público, la supremacía de los iluminados poderosos adinerados o cabilderos, para aplaudir, sin mover las manos, la reserva de los mayores beneficios y derechos para sólo unos pocos.
Claro que es inevitable que las costuras se vean tarde o temprano y en ese hilar fino para mostrar de la boca para afuera un plan político “moderno”, el cual prometa beneficios y leyes iguales para todo el resto de los mortales, resulta que dicha oferta política se acerca e incluso se convierte en socialismo, una vez más. Las ideas políticas de la OP (al menos las de propaganda y publicidad) terminan transformándose en variaciones sobre un mismo tema socialista si es que quieren mostrarse modernistas, amplios, humanistas y solidarios…lo cual obligatoriamente deben hacer si quieren ganar votos y clientes entre ese montón de personas a quienes no les gusta estar fuera de la torta beneficiaria o ser excluidos de la “élite”.
Todo plan político de la OP en contra del socialismo debe asemejarse de una u otra forma al socialismo y eso hace caer entonces a sus voceros y guionistas en flagrantes contradicciones públicas: defender una igualdad en la cual igualmente terminarán siendo unos más iguales que otros.
Claro, de la boca para afuera. De la faringe hacia abajo está muy clara en ellos la preferencia, el regusto, por el gobierno de los autos denominados excelsos políticos, cultos o millonarios, de los pocos privilegiados que sepan mantener a raya y acorralar a la mayoría con menos oportunidades, el resto de los mortales pues, para que sean sólo masa votante y consumidores masivos, que hagan poco o ningún ruido y que se auto eliminen diariamente con violencia, drogas, alcohol y juego.







