1 comentarios

Los comunes – El Demonio

Al artista nunca lo abandona el arte. Hacía tiempo que se me había olvidado el sabor salado de la playa y el regusto del atún del filósofo, pero añoraba aquellas tardes de escenas y música de acera de los comunes.

A varias cuadras del parque había una sala con grandes vidrieras a través de las cuales pude ver algunas fotos de la exposición que esa semana estaba presentando la fotógrafa. Al frente de allí había una plaza redonda rodeada por árboles y museos ya deteriorados de sol e indiferencia. Una ronda de músicos hacía su presentación de esa hora, anárquica pero apasionada.

Me acerqué hambriento de pan pero también de arte. Me cuentan que en mis ojos se reflejaban esas dos necesidades hondas. Así me dijo uno de los músicos al cual llamaban El Demonio. Mientras los demás se me alejaron por temor, este se acercó, me dio unas galletas y agua y hasta me ofreció dormir en el apartamento que alquilaba con los demás.

En las noches siguientes conocí una vida depravada, dañada de sustancias y desenfreno, pero todo lo veía desde un rincón o desde una puerta abierta pues El Demonio me prohibió participar en eso leyendo en mi alma una historia distinta a la suya. Me ayudaba a comer, me dejaba participar en algunos de sus conciertos austeros pero nunca permitía que me uniera a la molicie humana que se daba en aquel edificio ahumado y viejo en el que pensé viviría por siempre.

Un día le conté todo a El Demonio, de donde venía y por que. Él me dijo que ya lo sabía, lo adivinó en mi teatralidad, en la arena playera que todavía caía de uno de los ruedos del pantalón, en esa ausencia de lágrimas que sólo produce una tristeza insondable y una desesperación rutinaria, y me ofreció ayuda, pero “sin preguntas” me dijo. “Hazte famoso, triunfa, aquí están los nombres, toma este dinero que yo te voy a ir dando” (me mostró un paquete de miles) "y haz lo tuyo…pero déjame a mi hacer lo mío".

Lo pensé (¡claro que lo pensé!) en esas horas largas a la que me acostumbré desde niño y que parecen durar días, que luego sí son días y pasan a ser meses. Así los años. Pensé en la oportunidad que el mismísimo Demonio me ofrecía: una vida de luz por fin, de éxito, de renombre, una gran obra en la capital, giras, entrevistas…pero con una sombra, un destello de perversidad en mi espalda que tarde o temprano, lo sabía, vendría por mí o se abriría paso para mostrarse como dueño de mis logros.

La última noche tomé la mejor ropa que tenía y salí del apartamento. Dejé el dinero y la oportunidad de vender mi alma, preferí mejor conservarme bueno, dejar aquella vida de común y venirme para mi ciudad desde donde salí hace tanto buscando amores y aplausos allende el mar.


Imagen Original: Fotoproze
Anécdota para el cuento tomada del Blog de Eliana Quintero

1 comentarios

Dago: el perro invencible


Conocí a un perro invencible y tan terco que se negó a morir por su cuenta. La única opción fue dejarlo dormirse un miércoles lluviosamente atravesado, lloroso y difícil de noviembre: le pusimos Dagoberto, pero fue mejor conocido en los flojos fondos de los perros consentidos como Dago.

Antes de ese día visité su casa, en donde convivía con el resto de los viejitos, es decir, con mis padres. Esa vez estaban también ruidosas y alborotadas de visita mi perrita, Mía y la de mi hermano, Victoria y en una de esas, acariciándole el lomo, leí en sus ojos ya tristes de tanto aguantar dolores de perro centenario, que él estaba reconociendo que su tiempo había pasado, que de tanto vivir en esa casa tan rodeado de amores humanos se le había olvidado el tiempo promedio que un perro debe vivir y se había vuelto un Matusalén de cuatro patas.

“¿Ya tu época pasó verdad Daguito?” – le dije, agarrándole su cuello todavía musculoso y el gran perezoso que llegó a nuestras vidas por allá en 1992 me respondía con su mirada sin necesitar, como nunca necesitó, hablar con palabras. Ya él se estaba disolviendo en el tiempo luego de regalarnos tanto cariño, amor de perro, momentos felices, siestas largas en las camas, lamidos de pies y piernas, pocas mordidas, ningún hijo, una gallina espantada con orgullo, ninguna escapada erótica con alguna perrilla de la urbanización o de la playa. Se marchó de aquí puro y casto.

Desde ese perrito dormilón que fue hasta la Gran Sabana en nuestra camioneta hasta el perrón vago que se aplastaba roncando en un rincón de la cocina pasaron 16 años de humano, lo cual en perros son varias décadas. Así que el Dago pasó de los 100 fácil y si se durmió finalmente fue para ahorrarse los dolores de una enfermedad que ya lo tenía tablas en el forcejeo en el que su increíble afición por vivir lo metió.

Perdimos un ser querido, queridísimo. Un hermano tranquilo y fiel. Una compañía silenciosa y cariñosa de lengua generosa. Mi mayor recuerdo es haberme sentido acompañado por él una noche de lluvia y tormenta en Paraguaná, solo en una casa sin luz y con diez mil ruidos. Allí él me acompañó tanto que entendí que era una persona disfrazada de perrito, disimulando su paso por este mundo para dejarnos repletos de amor sin condiciones.

0 comentarios

Ojos de Niños

¿Han visto los ojos de los niños?

Cuando esos ojitos vivaces se ríen o se ilusionan parecen unos pocitos de agua dulce reflejando el cielo. Verlos reír y soñar es una alegría que justifica la vida, que justifica todo esfuerzo.

Pero hoy el tema no son los ojos del niño o de mi niño sino aquellas razones que los hacen brillar de ilusión.

Una de ellas es el artista. En cualquier presentación artística puedes ver niños y niñas, extasiados, serios y pendientes de todos los movimientos de un artista, de su instrumento, de su canto, de su baile, soñando ser ellos mismos músicos, cantantes o bailadores. Luego de ver a un Jorge Glem o a un Cheo Hurtado los niños agarran el cuatro con renovado amor, luego de escuchar el canto de los Pérez Rossi o mirar las coloridas coreografías de los Vasallos del Sol, niños y niñas comienzan a cantar temas nuestros, se los aprenden para toda la vida o escobillean por primera vez o menean sus caderas como es al golpe de un tambor. Y en cada paso que dan para ser cada día más artistas se alejan de vicios, del ocio, de los malos hábitos, se enriquecen sus espíritus de ángel.

Otra de ellas es el deportista. El niño, la niña, le sigue en sus logros, el jonrón, el golazo, el set de tenis, los 100 metros libres, la cesta de tres, la gimnasia rítmica…y luego corre a buscar su guante, su pelota, su balón, su equipo de sonido, su traje de baño, a luchar por ser así, como ese atleta al cual admira. Y cada vez que agarra un bate, una pelota de goma o una cinta de gimnasia, el niño, la niña, se aleja a su vez también de las cosas negativas fáciles de aprender cuando se tiene demasiado ocio y no se tienen metas, sueños, esperanzas.

A esos niños, se los aseguro, no les importa si el artista apoya al partido perencejo o al partido mengano, sólo le interesa ese artista en su arte y ese deportista en su deporte. Lo demás son pendejadas de adultos.

Como esa de abuchear a Magglio en el Mundial de Beisbol cuando se ponchaba, olvidando su importancia como ejemplo de futuros deportistas, de niños ilusionados que serán peloteros gracias a atletas como él, que no serán jóvenes extraviados, viciosos, malandros gracias a él y a atletas como él.

Quien pita y ataca a Magglio públicamente por su creencia política personal, pita y ataca la ilusión del niño, de la niña. Lo mismo ocurre con quien desprecia o ignora al artista: desprecia e ignora los ojos del niño que se ilusiona y ríe.

A los niños hay que legarles el respeto y la admiración por la gente que trabaja y es sana, independientemente de lo demás, sea un actor, una profesora, un científico, una atleta, un artista, un pescador, un doctor. Lo importante es resaltar y apoyar a quien trabaja y hace el bien y sirve de ejemplo para los niños aquí y allá.

La solidaridad y el amor por lo nuestro no se condicionan. La alegría y la ilusión en los ojos de los niños tampoco.

1 comentarios

Mais samba meus panas

Este martes de carnaval (24/02/09) los Só Sambistas dimos un concierto en los coloridos y cálidos jardines del Centro de Arte La Estancia. Allí en una conjunción sabrosa estuvieron de público gratos amigos, blogueros ilustres, familias completas y esa gente alegre que sabe disfrutar de sus espacios, muchos de ellos con niños y niñas disfrazados de hadas, zorros, supermanes, spidermanes, bomberos, mezclados con las flores cargadas de colores de los jardines, la grama fragante y una tarde soleada pero fresca que nos dejó gozarnos la música y el cariño que rebosa el samba.

En tarima tuvimos de invitado a un viejo compinche sambista, Iván Rivas, percusionista de Tunacka, quien caminó un largo trecho con Pimenteira Brasil en sus tiempos. La buena vibra de este pana es indudable así como lo que transmite en escena y seguramente estaremos compartiendo más música más adelante.

Esta vez el repertorio fue como más íntimo y lo dejamos fluir con más lentitud de lo normal. Entre la “Festa da Vinda” de Cartola, la “Feijoada Completa” de Chico Buarque, la “Incompatibilidade de Gênios” de João Bosco y el “Carinhoso” de Pixinguinha, colamos nuestros temas propios los cuales vamos diseñando a nuestro sentir una vez que nacen…los “Retazos de lembranças arquivadas” y la “Saudade de Mozart” de Daniely Benitez, la “Feiticeira” y el “Não quero parar” míos y el “Mais choro serás tú” que hizo Julio Medina en su guitarra. Si no lo vieron en vivo por allí lo grabó TVes y lo transmitieron tanto por ese canal como por el canal VTV, dedicado a todo el mundo por igual de nuestra parte, gozando la música venezolana y la brasilera, empeñados en disfrutar mientras compartimos.
____________________________________________________________
Próximos toques...hasta ahora:
- Martes 23 de abril. 8 pm. El Patio (Colinas de Bello Monte, Caracas)
- Martes 28 de abril. 8 pm. El Patio (Colinas de Bello Monte, Caracas)
- Martes 5 de mayo. 8 pm. El Patio (Colinas de Bello Monte, Caracas)
________________________________________________


(Foto cortesía de Naky)