Verdad verdadera...

A nadie le gusta escuchar o leer la verdad verdadera, esa hiriente, dolorosa, ardiente, incontestable. Dura, durísima a nivel insoportable para los leves y pasajeros seres humanos que somos.

Preferimos refugiarnos en excusas manidas, en rehuídas, en “no quiero saber” o “no me hables más” para evitar el terrible trancazo en las creencias o en el amor propio que produce la revelación de la verdadera verdad sobre algo.

Al pirata de sistemas que nunca arregla nada de las computadoras de la oficina preferimos decirle (porque es buena gente) que “debe prepararse un poco más” o que “será que necesitas una ayuda” a revelarle la verdad verdadera: “amigo, eres un pirata, no sabes lo que haces así que aléjate de mis PC y dedícate a criar perros

Cuando una relación se termina se apela al “no eres tu soy yo” o “hay otra persona” o al “ no estoy listo para una relación” en lugar de explicar: “mira, lo que pasa es que viéndote bien eres como muy feo para andar conmigo”, “no me gusta tu olor”, “no me das nota, eres aburrida” o “eres muy pacata (o pacato)” o más sinceramente aún: “mira, lo que pasa es que yo soy un inseguro patológico, un tipo inmaduro que todavía no supera los 9 años en su edad mental, mis relaciones son enfermizas por mi cuadro familiar disfuncional y de paso soy celópata y machista virulento por lo cual ni pensar en verme con un psicólogo

Me hace recordar el caso de una de repartición de los CD de un grupo musical con un corro de participantes pidiendo su montonzote de discos sin acordarse de que la verdad verdadera es que si acaso le tocaba a cada uno de ellos dos disquitos y medio para la comparativamente poquísima cantidad de trabajo y tiempo que dedicaron al disco en sí. Pero el humano es así, rehúye a la verdad verdadera hasta el punto de negarla o hasta contradecirla.

En la política sucede igual, es más sabroso el insulto pesado, la burla, la denigración, descalificar y sectorizarse, a reconocer los hitos verdaderos de la realidad circundante. Por ejemplo, en nuestra tierra, la verdad verdadera es que el actual presidente es un tipo con un gran carisma, enorme, lo cual lo convierte en un polo que atrae odios extremos pero también amores extremos. Eso es lo que produce el carisma sobre todo en figuras políticas o de mucha fama: seguidores y detractores. Esa cualidad hace convertirse a este militar que hace política en un Pop Star (como le dicen algunos buenos amigos blogueros), pero ello viene dado por sus amantes o sus enemigos por esa cualidad intangible que es el carisma, más allá de sus logros o fracasos o de sus intenciones. La verdad verdadera es que se produce como fenómeno en una sociedad falta de carismas actuantes sino sólo figurantes (estrellas de novela, cantantes, misses, locutores chistosos, chismosos, etcétera) y algunos músicos y deportistas cuyo ámbito es mucho más limitado que alguien en el poder ejecutivo de un país.

La verdad verdadera es que sólo hay contrapartidas figurantes con poco o ningún carisma en la oposición política mediatizada y en sus seguidores y eso deja un amplio y largo panorama con un solo nombre en lo sucesivo.

Ante eso los contra sólo juegan a “destruir juego” como en el futbol, sin crear estrategias o planes nación y a la alharaca de TV y periódico, mientras que los Pro ante eso prefieren acomodarse sabroso en algún sillón relegando la iniciativa y el trabajo pesado de la dirección y el mensaje al “Pop Star” mientras que bajo su sombra van tomando medidas “por si acaso” sin lanzarse al fuego verdadero de batirse el todo por el todo bajo su propia etiqueta de “revolucionario” justificándola al menos arremangándose la camisa, haciendo política, dejando huellas, sembrando en profundidad honestidad y conciencia.

Al final me desvié del tema, de los que nombro no todos son así, pero muchos sí. Pero la verdad verdadera es mejor taparla con excusas y cuentos de carretera haciéndonos vernos a nosotros mismos como los correctos del asunto y a nuestras creencias, nuestras convicciones, como lo justo y lo bien visto. En el mejor de los casos, antes de enfrentar la verdad verdadera es preferible echarle el carro a otro y huir por la derecha…o por la izquierda, como usted prefiera.

P.D. Recomiendo este artículo que me conseguí buscando la imagen para este post