La acusación de egocéntrico, ególatra o simplemente de “echón” es una de las más difíciles de rebatir y de las más usadas para echarse tierra los unos a los otros. No es como cuando te acusan de tacaño, de pichirre o de “agarrado” pues a lo mejor con gastarte medio sueldo brindándole el almuerzo a todos los compañeros de oficina un día o demostrando que tus últimas vacaciones fueron esquiando en Italia, te quitan esa etiqueta…bueno...a lo mejor, porque los acusadores gratis suelen ser bien persistentes.
Pero ¿cómo desmontas la matriz de echonería en tu contra? Cuando la riegan comienzan como a verte con lupa y sospecha. Si hablas de ti es que sólo hablas de ti, si te ríes mucho es que eres sarcástico o burlista, si te ríes poco es que eres realmente presumido y además “cara e’ c…”. Si te apasionas hablando de deporte por ejemplo es que quieres demostrar que eres sabelotodo en el tema y si no comentas mucho por no saber es que eres un indiferente despreciativo. Todo eso porque ya alguien te acusó por ahí de “echón” ¿Cómo hacemos entonces con eso pues?
Nos enseñan desde pequeños a alegrarnos y enorgullecernos de nuestros logros, de nuestro trabajo, de nuestros grupos familiares y de amigos ¿verdad? Al niño se le va formando, junto con el carácter, la autoestima, que es la que hace al individuo motivarse sanamente para enfrentarse al mundo, pero, ¿cuál es la medida correcta de orgullo que debe sentir uno por si mismo y por sus éxitos? Me recuerda aquello de los pelos y los colores que escribí aquí.
Dependiendo de con quien te encuentres y trates, tu dosis de amor propio será el correcto o será mucho o será poco. Cuando aprendí a manejar (para no ejercer todavía lamento reconocerlo) me dijeron algo que también aplica: así manejes a la perfección siempre te van a cornetear en la calle. Lo mismo pasa con el orgullo, con el ego. Su correcta medida en uno es relativa.
Si con quien tratas es de poco ego, resentido, inseguro, loco o acomplejado lo más seguro es que le parezcas (si tu no eres igual por supuesto) un echón y en caso de presentarse un conflicto te acusará sin miramientos de tener un ego galáctico.
Si por el contrario tratas con una persona centrada, sana, honesta, orgullosa y clara no tendrá mayores conflictos con tu nivel de egolatría pues no requiere de comparaciones o reafirmaciones de tu parte para aliviarle sus inseguridades y carencias.
La mejor estrategia para estos casos como que resulta ser no darle importancia a los acusadores gratis que usan ese argumento: cuando te acusan lo que logran es que conozcas entonces con certeza quienes son lo sanos y quienes no en medio de la gente que te rodea.
Pero ¿cómo desmontas la matriz de echonería en tu contra? Cuando la riegan comienzan como a verte con lupa y sospecha. Si hablas de ti es que sólo hablas de ti, si te ríes mucho es que eres sarcástico o burlista, si te ríes poco es que eres realmente presumido y además “cara e’ c…”. Si te apasionas hablando de deporte por ejemplo es que quieres demostrar que eres sabelotodo en el tema y si no comentas mucho por no saber es que eres un indiferente despreciativo. Todo eso porque ya alguien te acusó por ahí de “echón” ¿Cómo hacemos entonces con eso pues?
Nos enseñan desde pequeños a alegrarnos y enorgullecernos de nuestros logros, de nuestro trabajo, de nuestros grupos familiares y de amigos ¿verdad? Al niño se le va formando, junto con el carácter, la autoestima, que es la que hace al individuo motivarse sanamente para enfrentarse al mundo, pero, ¿cuál es la medida correcta de orgullo que debe sentir uno por si mismo y por sus éxitos? Me recuerda aquello de los pelos y los colores que escribí aquí.
Dependiendo de con quien te encuentres y trates, tu dosis de amor propio será el correcto o será mucho o será poco. Cuando aprendí a manejar (para no ejercer todavía lamento reconocerlo) me dijeron algo que también aplica: así manejes a la perfección siempre te van a cornetear en la calle. Lo mismo pasa con el orgullo, con el ego. Su correcta medida en uno es relativa.
Si con quien tratas es de poco ego, resentido, inseguro, loco o acomplejado lo más seguro es que le parezcas (si tu no eres igual por supuesto) un echón y en caso de presentarse un conflicto te acusará sin miramientos de tener un ego galáctico.
Si por el contrario tratas con una persona centrada, sana, honesta, orgullosa y clara no tendrá mayores conflictos con tu nivel de egolatría pues no requiere de comparaciones o reafirmaciones de tu parte para aliviarle sus inseguridades y carencias.
La mejor estrategia para estos casos como que resulta ser no darle importancia a los acusadores gratis que usan ese argumento: cuando te acusan lo que logran es que conozcas entonces con certeza quienes son lo sanos y quienes no en medio de la gente que te rodea.
Así que insisto: andaré con mis camisas rosadas hindúes, mi grande y enorme barba peluda pero calvo y hablando hasta por los codos de mí y de mis cosas junto con mis 9 hijos (ya voy por uno) y haciendo la música que más me gusta porque me gusta y no porque se la quiera restregar a nadie.
Buena suerte ego y recuerda absolverme!










1 comentarios:
Creo que es mejor no hacerles caso.. lo importante es estar satisfecho con lo que se hace y vivir plenamente sin hacer daño a nadie.
un abrazote
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