De libros


La vida que me ha tocado vivir además de tejerse entre varias músicas también se ha tejido desde un principio entre varios, muchos, libros.

Había aquellos que al abrir las páginas un sistema plegable hacía que se levantaran en tres dimensiones los protagonistas del cuento. Recuerdo a Aladino con su lamparón saltando de esas hojas... Las enciclopedias Quillet para niños tenían grandiosos dibujos que alborotaban la imaginación y además montones de letras de todo tamaño y color para que gozaras por leer y averiguar. El Club de los Sietes Secretos o el de los Cinco Secretos, traducidos al español directo del inglés británico, que hablaban de chelines, peniques y libras de Enid Blyton fueron geniales. Luego los libros de Julio Verne, el montón de Agatha Christie, las selecciones del Reader’s Digest, las novelas de Irving Wallace, Arthur Hailey, Sidney Sheldon, los Caballo de Troya, Trevanian, Tolkien, de la Parra, Gallegos, Quiroga, Conan Doyle, Pirandello, Cortazar, Onetti, Massiano, Allende…También los libracos más científicos, Baldor, Leithold, Dyer, los de física, los de diseño, los de química y mecánica. También los de rítmica y métrica, teoría, solfeo…

En ese rumbo me gusta recordar esas letras pasadas, desde las infantiles hasta las adultas. Es grato recorrer desde Peter y Colin de los Siete Secretos hasta Harry y Ron en Hogwarts como si el tiempo no hubiera pasado. ¿Por qué habría de pasar? ¿Que dirían las aves de “Ningún lugar está lejos” de Bach si ahora menospreciara “La Isla Misteriosa” en comparación a un tratado de Termodinámica o al lado de “Las venas abiertas o el Manual del Perfecto Idiota”?

Por alguna razón, quizá de terquedad básicamente, no me gusta la opción de menospreciar mis libros de niño, mi música de niño, mis creencias fundamentales de niño ahora que han pasado los años y se supone que soy adulto, según dicta la convención social. No tengo vergüenza “en retroactivo” por aquello que leí y soñé y canté y lloré. Son tesoros. Y los poco que conservo en físico aún hoy en día tienen su lugar preferencial en la biblioteca o en la musiteca. En físico o en digital. No echaría a la basura mi viejo libro de Neruda para dejarle paso a un novedoso y “serio” libro importantote sobre Política o sobre la Física Cuántica Económica del Universo Mundial. Cada libro en su sitio, respetable y querido, pero nunca burlado ni menospreciado.

Creo que quien se burla y menosprecia sus cosas de niño ya es un viejo irremediable.

1 comentarios:

La Hija de Zeus dijo...

Muchos cuentos.. luego vinieron casa muertas (que que motivo a leer más), cuando quiero llorar no lloro, desde el jardin (que me encanto).. todos los de Garcia Marquez que estaban en casa, los tipicos de adolecente Preguntale a Alicia y Sara entre otros ... Mi adoradisima Mafalda.. el sr de los anillos, todos lo de Harry Potter y ultimamente los de John Katzenbach (el psicoanalista, el loco, un asunto pendiente).. son tantos, tantos, tantos..

un abrazote