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Orinoquia


Serían como las 3 de la mañana…no recuerdo bien porque no tenía reloj pero la noche era más oscura y fría que nunca a esa hora” comenzó a contar el paciente mientras le revisaba la herida profunda y sucia que tenía en la pantorrilla casi desde la corva.

Estaba soñando feliz montado en el chinchorro bien arropado y de repente desperté con mucha presión en la vejiga. Tenía que ir al baño urgente cruzando el patio, pero la noche era cerrada, tan oscura que sientes que si te mueves te puedes pegar en la nariz con cualquier cosa. Comencé a retirar la cobija pero, tú sabes, a esa hora se te vienen a la mente los miedos. Recordé la espantosa escolopendra que apareció el día antes cerca de la puerta del cuarto y que hubo que matarla a palazos… ¿y si había alguna otra por ahí paseando?, ¿y si estaba la hija o la pareja por ahí buscando venganza?...escuché entonces todo tipo de ruido sospechoso en el cuarto y en la casa: shrik, pik, chas-chas…a lo mejor no eran más que cucarachas hurgando algún rincón o un ratón orejón de campo paseando por el techo pero a esa hora me parecía un pelotón de escolopendras malignas tendiéndome una emboscada. Para más remate comenzaron a caer las primeras gotas de una lluvia incesante…plic, plic, plicplic, ploc ploc ploc…fuuuuu, un aguacero imparable cubrió con su roncar en el techo todo sonido sospechoso de ciempiés.

La vejiga presionaba duro así que procuré espantar los miedos y saqué los pies del chinchorro. Posé el derecho en el piso frío y liso que de pronto pareció el lomo de una culebra que se movía…pero no, era sólo piso. Busqué hacia acá y hacia allá los zapatos y nada…seguramente en la borrachera de anoche me vine a acostar sin zapatos luego de tomarme el último trago. ¡Que mala hora!

Comencé a pensar entonces con asco en lo que sería pisar descalzo a un sapo gordo y mojado a esa hora, en la sensación de estripar ese animalejo y sentirlo apretarse hasta explotar contra el suelo mientras le piel y las tripitas se metían entre los dedos. ¡Puaj!. Porque la población de sapos en esta casa ronda los 5 mil y en tiempos de lluvia se reproducen maravillosamente. Pasé entonces otro rato paralizado pensando en sapos y escolopendras, cucarachas y ratones y el sonido de la lluvia arrullándome la vejiga para que la vaciara de inmediato.

Finalmente me bajé dispuesto a lo que fuera, una que otra luz de los postes de la calle se colaba entre los árboles para darme la impresión de que podía ver algo por donde caminaba. Un paso, otro, el piso liso dio paso a la tierra ya gredosa y fría cuyo olor flotaba por todas partes. Los sapos cantaban con fruición su ración aguada madrugadora, seguro que estaban saliendo 500 sapitos de la charca más cercana en ese momento. A mitad de camino sonó una rama hacia mi izquierda y me detuve. Un ruido raro encima de todo el escándalo de la lluvia y los sapos. Me quedaban dos animales que podían estar acechándome: una enorme culebra, quizá cascabel o una tarántula maligna peluda y de ojillos rojos…pero ninguna de esas dos sería capaz de hacer ese ruido.

No sonó más nada por un buen rato mientras me empapaba hasta el alma bajo esa pared de agua así que corrí el último tramo y entré al baño. No había luz, como nunca ha habido luz en esta zona, así que prendí la consabida vela ya casi completamente consumida y pude vaciar con placer la presión que tenía desde hacía ya casi una hora…pissssssss.

El regreso. Mojado, con frío, aliviado pero ahora urgido de volver a la seguridad del chinchorro. Seguro que los conspiradores animales me pillaron de ida y no me iban a perdonar de venida. Así que me armé con un palo de escoba que apoyado en un rincón se aburría desde que le quitaron el cepillo y lo convirtieron en removedor de pintura.

Abrí la puerta y la brisa se encargó de apagar la vela apenas hube caminado unos pasos. Quedé de nuevo en una oscuridad pesada y húmeda. La lluvia comenzó a remitir pero quedaban los goteos del techo, los chirridos de los grillos enjuagados y los ruidos sospechosos que se arrastraban o crujían aquí o allá justo en frente de mí.

Avancé más lentamente esgrimiendo con fuerza el palo de escoba y más convencido que nunca de que en cualquier momento me caería una escolopendra comando en toda la nuca picándome con su cola bífida…

Ahí le interrumpí el largo cuento y le pregunté con mi falta de imaginación profesional “¿pero dígame como fue que se hizo esta raja en la pierna?”

Ah bueno” – contestó – “es que llegando casi al final olvidé que habíamos dejado una cava atravesada por la fiesta de anoche, tropecé y me caí contra unos ladrillos

“Otro cuento de borracho” pensé y saqué las vendas.


Imágenes de Fotoreptiles y Sylvia Matsuda

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Predicciones 2009…¡felices fiestas!

Enero: frío dentro y fuera pero muchas ganas de cobija. Si acompañado mejor. No pienses en dietas todavía. Hazte el propósito de leerte un libro largo y sabroso.

Febrero: no le pares tanto a las cosas. Arruga la frente sólo para concentrarte en lo que mas te gusta. Deja que la risa vibrante de un niño te bañe el espíritu sin contemplaciones.

Marzo: ayuda a alguien a que se dé cuenta de su error, pequeño o grande. No importa. Tiende una mano con generosidad y luego no saques cuenta. Un perro te hará comprender el sentido de la vida.

Abril: abre los ojos a lo ignoto y la mente a los sueños. Aprende a rezar cada día aprendiendo que la vida es un ratico solamente. Posa los pies desnudos en grama o en arena para que tu planeta se acomode.

Mayo: come flores, come bastantes flores. No dejes que los pisadores de tierra te agüen el festejo de reír sin sacar cuentas y de llorar sin temor a que te vean una lágrima. Escríbete un poema aunque sea de tres líneas.

Junio: mira la cartelera del cine y busca, entre sabores de cotufa, una película que te dé respuestas o te ayude a buscarlas. Atrévete a mirar lo que no sea tu costumbre mirar. Cualquier cosa un DVD también sirve.

Julio: un concierto fundamental y algodón de azúcar. No te los pierdas, no te los niegues. Regala un juguete raro y disfruta de la cara al recibirlo. Llama por teléfono a quien sabes gozará de tu conversa.

Agosto: camina por la acera de enfrente en lugar de la de siempre. Habla con el señor del kiosco y hazle una pregunta filosófica. Delante de un croissant de chocolate o crema recibirás un secreto.

Septiembre: hecho curioso en la calle mirando hacia la ventana de un piso 5 de un edificio cercano. Te moja la lluvia sin querer. No te pongas bravo por eso. Alterna con quienes te gustan.

Octubre: comienza a sopesar el año, busca el disco que te gusta y cómpratelo como regalo. Deja el ahorro para después. Viste una prenda naranja y cambia el look para renovar la energía.

Noviembre: fiesta de bodas. Baila sin parar. Disfruta de la novedad de una amistad rediseñada. Echa el cuento sin dejar detalles fuera. Abraza tanto como sea posible.

Diciembre: balancéate sobre unos patines o sobre una tabla en el piso. Descubre el equilibrio de las cosas pensando que todo lo bueno tiene su malo y todo lo malo enseña…lo cual no es malo en principio. No creas tanto en predicciones, horóscopos o lecturas de mano. Cree más en tu espíritu haciendo el bien a través de lo que para ti sea Dios.

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Repite conmigo: Te-Quie-Ro

¿Alguna vez alguien querido te ha escrito: “bueno, cuídate mucho, se te quiere…” o si le escribe a tu familia: “muchos saludos, se les quiere…”?

Cuando me escriben “Se te quiere” yo me digo “pero… ¿Dónde es que se me quiere?... ¿en Valencia?, ¿en El Hatillo?, ¿en Musipán?...

¿O es que se me quiere echar una vaina y en realidad ese saludo es un mensaje cifrado que quiere decir: “Se te quiere enredar en un rollo monumental con pelos, chismes, llantos y ñiqui ñuqui”?

Y si es “Se les quiere”… será que “se les quiere contratar para un comercial”… ¿Dónde es la cosa, el sitio, el emplazamiento, el cónclave donde se nos quiere hacer algo…?

Quizá para prevenir confusiones o sustos sea mejor decir: “Te quiero” o “Los queremos” o “Los quiero”, así, unipersonal, totalmente asumido y dicho, sin pelos en las papilas.

A lo mejor a la gente le da como miedo decir esto tan frontalmente pensando que uno se le va a arrojar encima sintiendo una pasión desbordante, perdidamente enamorado, abrasado por el amor confeso. O quizá responda al temor universal a hacer el ridículo por manifestar tan límpidamente un sentimiento tan bonito como el del querer a alguien. Eso pasa.

Pero no tengas miedo, no tengan miedo. En pleno siglo XXI díganle chao al miedo al ridículo (concepto inventado en el siglo III por la escuela filosófica de los Tiesus Mortis del Peloponeso porque nadie los quería por pesados) y repitan conmigo cuando escriban (o cuando hablen): Te - Quie - ro. Así mismo, repitan la frase varias veces y déjenla que salga sola cuando tengan en frente a alguien a quien sinceramente quieran, aprecien y admiren. A alguien a quien quieran hacerle saber lo maravilloso y valioso que es para ti, para ustedes.

Repite conmigo, repitan conmigo:

Te…Quie…ro…

Los…Quie…ro

Y listo!




Imagen de Duna

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Marcus Santos en Venezuela: ¡Beleza!

Desde el miércoles pasado (26/11) hasta hoy tuvimos en Venezuela la visita del percusionista brasilero Marcus Santos. Nacido en Salvador de Bahía y residente ahora en Boston (USA). Una excelente persona, casi 2 metros de carisma desbordante y talento de alto nivel en la percusión y el manejo de grupos para los talleres de percusión afro brasilera que dictó en la UCV toda esa semana. Allí sembró amistades, cariño y unas ganas tremendas de regresar a nuestro país al cual consideró en sus propias palabras “un hermoso país, lleno de gente increíble, muy feliz, muy sonriente, a pesar de las colas de carros…si no tuvieran esas colas de carros ustedes serían como los japoneses. La música venezolana es mucho más complicada que la de Brasil y muy bonita y el nivel de músicos que hay aquí es altísimo…

Claro, como no va a decir eso si toda la semana estuvo yendo por las noches a los locales con la movida musical nocturna y por allí vio en lo suyo a músicos como Alfredo Naranjo y Pablo Gil por nombrar sólo dos. También estuvo compartiendo los talleres y ensayando con ese otro extraordinario loco músico percusionista venezolano que es “El negro” Álvarez para el concierto que este sábado disfrutamos tanto el público como quienes nos montamos en tarima: Só Sambistas, el Coro Infantil y Juvenil de la UCV dirigido por la pianista Magda Albarracín, Marcus, El Negro y la queridísima cantante Biella Da Costa, en la Sala de Conciertos de la UCV.


Allí la magia de la música brasilera y el cariño se mezclaron en sobredosis iguales con la dulzura de los niños de Magda, el gozo del samba y el choro de Só Sambistas mostrando además música venezolana “abrasileada” o música brasilera “criollizada”, la explosión percutiva de Marcus en el pandeiro y El Negro en el cajón flamenco y la exquisita voz de Biella.

Aquí les dejo un video de uno de los muchos temas sabrosos de esa noche repleta de amigos…y por ahí hay más

¿e aí? ...¡Beleza!