Pimenteira Brasil en Expo Bodegón 2006...
Publicado por Petrusco en 10:10 PM
Etiquetas: Chorinho, Choro, MPB, Música Brasilera, Música venezolana, Pimenteira Brasil, Samba
Prisma luminoso
Publicado por Petrusco en 4:05 PM
¿Qué te pasa Shakira?
Tengo que confesarlo: me preocupa lo que está sucediendo con Shakira. Una de las artistas que más admiro y respeto desde sus inicios por su creatividad y talento artístico y por su serena y sencilla belleza.Me cuentan que ahora en su última presentación aquí en Caracas cantó muy poco (10 temas apenas al parecer) teniendo un repertorio tan amplio, además al parecer se negó a dar declaraciones a la prensa (no es que me duela la prensa en realidad pero sí lo negativo que pueda ser esto para la imagen de mi cachaquita). Por otro lado en uno de los programas del Latin American Idol (evento cuyo único punto salvable para mi fue que ganara una venezolana) cuentan las malas lenguas que les hizo un desplante o un embarque a los participantes.
No sé si será influida por los Stefan y su maquinaria de hacer dinero con otros artistas o si será un cambio de actitud propia de esta artista quizá abrumada por la fama y las grandes presiones que esto conlleva pero lo cierto es que me está preocupando la cosa.
No me gustaría tener una Shakira pedante y lejana de ahora en adelante luego de haberle dado tanto apoyo aunque sea vía ondas mentales desde que salía en aquellos videos nubosos como en el patio de una casa y diciendo “ahora estoy aquí...”. Más bien apuesto a que se reinvente en sus próximas producciones musicales alejándose del trilladísimo hip hop, del escabroso reggaetón, de la pedantería mercantilista y se acerque a ella misma una vez más, a su sonido, a su humildad, a su talento....por el cual igualito va a seguir teniendo montones de seguidores y haciendo dinero.
¿Qué te pasa Shakira?
Publicado por Petrusco en 12:20 PM
Ojos...
Así se explican una y otra vez las chispas. Esas que salen cuando unos ojos se impactan con otros o cuando unos nadan en otros, mariposa, crawl, pecho, con gorrito y lentes, a dos piscinas por vez. Las palabras dichas vienen luego. Quizá un catálogo de sonrisas imparables y un cosquilleo a la altura del píloro.
Ojos que miran ojos pero también que miran palabras. Les leen y las releen, se pasean por los bordes de una esdrújula re-dibujándola o se detienen en mitad de una octosílaba sólo para ver como se siente, imaginando el ojo que leyó aquellos trazos por primera vez. Aunque sean Arial Black. Imaginando también el otro ojo porque estos generalmente vienen en pares.
Ojos que miran ojos pero no los ven, se distraen con el rimel o se desvían hacia la boca, o rompen ese contacto de iris demasiado rápido como para dar la primera brazada. Se ahorran aire callando piropos pero también huyen del riesgoso juego de la mirada.
Riesgoso y emocionante, ojos que miran ojos.
(inspirado por dos posts notables)
Publicado por Petrusco en 11:35 PM
Niño Jesús de Tarmas

El pueblo de Tarmas en el estado Vargas queda subiendo desde Catia la Mar más arriba de Carayaca. Por allí preguntan y llegan fácil. Queda en la montaña y allí además de estos tambores que les comenté en una oportunidad y como parte de sus tradiciones también se celebra una hermosa fiesta que comienza a finales de septiembre o principios de octubre y dura hasta el 24 de diciembre.
Publicado por Petrusco en 8:59 PM
Etiquetas: Bailes, Grupo Matices, música, Música tradicional venezolana, Música venezolana, Tradiciones, venezuela
Encuentro:
De una alcantarilla salía humo cual un efecto de video clip musical. En realidad toda mi visión ese día estaba enfocada a esa zona entre las rodillas y el piso. Si subía la cara el agua me cegaba así que caminaba cabizbajo y achinado. Así aprendí el dolor de una púa de paraguas encajada inesperadamente en mi sien. Descubrí de qué color se ponen los zapatos cuando el agua los acosa y los alcanza. La mejor marca de calzado o la peor, todas con el mismo color triste, desabrido, de hollín de calle con cántaros de agua de ciudad, mezclado con aceite y gasolina arrojados hábilmente por los carros sin freno que infestan la ciudad. A esos los conozco muy bien.

En medio de esa emulsión de líquidos, emociones y colores se ocultó un hueco. Ese hueco en donde caería hasta la pantorrilla. Luego me pareció un hueco con dientes. Dientudo. Hiriente. Desgarrador. Cómo mi grito. El pantalón hecho tiras y el tobillo torcido más allá de lo decentemente permitido. Por fortuna salvé la rodilla soltando todo lo que traía: un libro viejo, un morral, un paraguas, posando las manos firmemente en el pavimento, manchándome de tubo de escape, de suelas, de escupitajos, de sudores, de polvo aguado.
Allí en ese instante, durante esos primeros segundos en los que nadie, ni tú mismo, saben lo que ha pasado fue cuando apareció. Él. Eso. Mi otro yo. Me observó con ojos de malicia, tensos como en espera de una reacción, amargados a la vez. Allí mismo maldije al mundo por no poder salir de aquellos dientes traidores para ir hasta ese yo, me revolví de la rabia e insulté a todo cuanto se me ocurrió insultar. Quedé ronco, a una distancia impotente de los héroes de la estación, o de la alcantarilla humeante, o del paraguas puntiagudo.
Luego esperé que el dolor se calmara (como si alguna vez esos dolores se calmaran) Ese otro Yo se difuminó en medio de una nueva pared de agua y mis intentos por salir lentamente, mirando sombrío la acera y más allá a los habitantes indolentes que se reproducen cuando llueve.
Esto ya me había pasado antes, en aquella otra avenida, más allá del parque. Recuerdo vagamente que la reacción de la gente fue más o menos la misma. Me miraban como a un loco enfurecido, sucio igual que sus zapatos y decían lo mismo que esta vez “ese es el vago que ronda por aquí, hablando solo y con un libro que nunca lee”
Publicado por Petrusco en 9:24 AM












