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Pimenteira Brasil en Expo Bodegón 2006...

...tocando música popular brasilera entre degustaciones y amigos
Centro Comercial Concresa. Nivel 1. Caracas
Miércoles 29, Jueves 30 y Viernes 1ero
a partir de las 6 pm

Mas detalles del evento aquí...
(El evento o los toques se suspendieron quizá sólo terminemos tocando el viernes 1ero de diciembre)

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Prisma luminoso


Arrepentirse?, nunca más
Amar? nunca está demás
Sufrir forma parte de ese juego
Amor es fuego y puede quemar

El llanto es como un prisma luminoso
mi corazón no tengas miedo de llorar

La lágrima es tanto de agua como sal
que fue de aquel cristal
y la vida comenzó en el mar

Vivir es tempestad y calma
sufriendo la gente aprende a caminar
Un día

(Paulinho da Viola)

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Santana...


CY YOUNG: 2

(Unánime)

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¿Qué te pasa Shakira?

Tengo que confesarlo: me preocupa lo que está sucediendo con Shakira. Una de las artistas que más admiro y respeto desde sus inicios por su creatividad y talento artístico y por su serena y sencilla belleza.

Me cuentan que ahora en su última presentación aquí en Caracas cantó muy poco (10 temas apenas al parecer) teniendo un repertorio tan amplio, además al parecer se negó a dar declaraciones a la prensa (no es que me duela la prensa en realidad pero sí lo negativo que pueda ser esto para la imagen de mi cachaquita). Por otro lado en uno de los programas del Latin American Idol (evento cuyo único punto salvable para mi fue que ganara una venezolana) cuentan las malas lenguas que les hizo un desplante o un embarque a los participantes.

No sé si será influida por los Stefan y su maquinaria de hacer dinero con otros artistas o si será un cambio de actitud propia de esta artista quizá abrumada por la fama y las grandes presiones que esto conlleva pero lo cierto es que me está preocupando la cosa.

No me gustaría tener una Shakira pedante y lejana de ahora en adelante luego de haberle dado tanto apoyo aunque sea vía ondas mentales desde que salía en aquellos videos nubosos como en el patio de una casa y diciendo “ahora estoy aquí...”. Más bien apuesto a que se reinvente en sus próximas producciones musicales alejándose del trilladísimo hip hop, del escabroso reggaetón, de la pedantería mercantilista y se acerque a ella misma una vez más, a su sonido, a su humildad, a su talento....por el cual igualito va a seguir teniendo montones de seguidores y haciendo dinero.

¿Qué te pasa Shakira?

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Ojos...

Ojos que miran ojos, así.

Así se explican una y otra vez las chispas. Esas que salen cuando unos ojos se impactan con otros o cuando unos nadan en otros, mariposa, crawl, pecho, con gorrito y lentes, a dos piscinas por vez. Las palabras dichas vienen luego. Quizá un catálogo de sonrisas imparables y un cosquilleo a la altura del píloro.

Ojos que miran ojos pero también que miran palabras. Les leen y las releen, se pasean por los bordes de una esdrújula re-dibujándola o se detienen en mitad de una octosílaba sólo para ver como se siente, imaginando el ojo que leyó aquellos trazos por primera vez. Aunque sean Arial Black. Imaginando también el otro ojo porque estos generalmente vienen en pares.

Ojos que miran ojos pero no los ven, se distraen con el rimel o se desvían hacia la boca, o rompen ese contacto de iris demasiado rápido como para dar la primera brazada. Se ahorran aire callando piropos pero también huyen del riesgoso juego de la mirada.

Riesgoso y emocionante, ojos que miran ojos.

(inspirado por dos posts notables)

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Niño Jesús de Tarmas


El pueblo de Tarmas en el estado Vargas queda subiendo desde Catia la Mar más arriba de Carayaca. Por allí preguntan y llegan fácil. Queda en la montaña y allí además de estos tambores que les comenté en una oportunidad y como parte de sus tradiciones también se celebra una hermosa fiesta que comienza a finales de septiembre o principios de octubre y dura hasta el 24 de diciembre.

Se trata del niño Jesús de Tarmas, una imagen milagrosa la cual sale de su casa de posada en Tarmas para recorrer otros pueblos en la región que forman parte de lo que fue la gran nación de los Tarmas en donde hay otras casas de posadas ofrecidas por sus dueños para recibir al niño (en la foto se puede ver la lista de los pueblos y los días en los cuales recibirán a la imagen)

La persona encargada de llevar al santo es el señor Daniel Benitez y se le denomina "Santero". Él y su familia nos recibieron a los del grupo Matices el pasado 30 de septiembre, para presenciar y participar en la primera caminata de esta celebración hasta el pueblo de Manzanillo (más o menos hora y media de caminata)

Antiguamente la imagen que salía era la de la virgen pero debido a lo riesgosos que se volvieron los caminos debido a las guerras de alrededor del año 1850 entonces la virgen dejó de salir y luego de la batalla de La Cruz (en la cual murió alrededor del 80% de los pobladores de Tarmas y Carayaca) los habitantes de los distintos asentamientos siguieron pidiendo la protección divina y entonces comenzó a salir el Niño. Por esa época en uno de los pueblos (probablemente La Florida) se recibió a la imagen con parrandas y fulías y desde entonces esta es la música que lo acompaña durante todo el recorrido.

Actualmente además de el señor Benitez existe una Sociedad del Niño Jesús formada por niños y adolescentes quienes son los encargados de velar por todo lo referente al cuidado de la imagen y organización de los eventos relacionados al Niño entre otras cosas. También el 1ero de Enero de cada año se celebra con el Niño Jesús una gran fiesta de parranda todo el día durante el cual la imagen recorre todas las casas de Tarmas para darles su bendición.

Es una hermosa manifestación de devoción, alegría y tradición por este niño Jesús de quien se conocen muchísimos milagros y favores. Si quieren saber más pues acérquense hasta el pueblo y pregunten por el señor Benitez y su encantadora familia. Todos los sábados hasta el 24 de diciembre estarán llevando a cabo este recorrido al ritmo de las parrandas y con el fervor de nuestra gente que habita esos pueblos olvidados de costa y montaña.


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Encuentro:

Sucedió de esa manera, un tanto casual, un encuentro no planeado con mi otro yo en una esquina húmeda. Llovía a torrentazos. El ruido de la calle sonaba aterciopelado, sordo. Como a través de una cortina de gotas que a la vez fueran de tela. El montón de gente en la boca de la estación del metro servía de tapón para evitar que los secos de adentro salieran a mojarse. Parecían héroes de la sequedad. Por allí pasé distraído, pensando más en el destino de ese día que en el umbral heroico que dejaba atrás.

De una alcantarilla salía humo cual un efecto de video clip musical. En realidad toda mi visión ese día estaba enfocada a esa zona entre las rodillas y el piso. Si subía la cara el agua me cegaba así que caminaba cabizbajo y achinado. Así aprendí el dolor de una púa de paraguas encajada inesperadamente en mi sien. Descubrí de qué color se ponen los zapatos cuando el agua los acosa y los alcanza. La mejor marca de calzado o la peor, todas con el mismo color triste, desabrido, de hollín de calle con cántaros de agua de ciudad, mezclado con aceite y gasolina arrojados hábilmente por los carros sin freno que infestan la ciudad. A esos los conozco muy bien.

En medio de esa emulsión de líquidos, emociones y colores se ocultó un hueco. Ese hueco en donde caería hasta la pantorrilla. Luego me pareció un hueco con dientes. Dientudo. Hiriente. Desgarrador. Cómo mi grito. El pantalón hecho tiras y el tobillo torcido más allá de lo decentemente permitido. Por fortuna salvé la rodilla soltando todo lo que traía: un libro viejo, un morral, un paraguas, posando las manos firmemente en el pavimento, manchándome de tubo de escape, de suelas, de escupitajos, de sudores, de polvo aguado.

Allí en ese instante, durante esos primeros segundos en los que nadie, ni tú mismo, saben lo que ha pasado fue cuando apareció. Él. Eso. Mi otro yo. Me observó con ojos de malicia, tensos como en espera de una reacción, amargados a la vez. Allí mismo maldije al mundo por no poder salir de aquellos dientes traidores para ir hasta ese yo, me revolví de la rabia e insulté a todo cuanto se me ocurrió insultar. Quedé ronco, a una distancia impotente de los héroes de la estación, o de la alcantarilla humeante, o del paraguas puntiagudo.

Luego esperé que el dolor se calmara (como si alguna vez esos dolores se calmaran) Ese otro Yo se difuminó en medio de una nueva pared de agua y mis intentos por salir lentamente, mirando sombrío la acera y más allá a los habitantes indolentes que se reproducen cuando llueve.

Esto ya me había pasado antes, en aquella otra avenida, más allá del parque. Recuerdo vagamente que la reacción de la gente fue más o menos la misma. Me miraban como a un loco enfurecido, sucio igual que sus zapatos y decían lo mismo que esta vez “ese es el vago que ronda por aquí, hablando solo y con un libro que nunca lee”