El
sistema democrático es muy sencillo desde su creación como sistema político “alterno” a la dictadura nominal y frontal o a otros tipos de sistemas de control y mando de masas menos famosos. Su regla fundamental es: el poder es del pueblo, es decir, la gente tiene el poder en sus manos y lo expresa a través de la mejor encuesta de opinión pública que existe: los procesos electorales.
La regla de la mayoría simple señala que: quien obtenga mayor cantidad de votos en una elección es el ganador, legítimo, legal, válido y único. Punto. Cerrado el libro teórico de la política.
Ahora, como mencioné antes, la práctica del sistema no es algo tan sencillo. El sistema político es un aspecto apenas de las distintas facetas que tiene el control de masas, la mayoría de las veces no para que dicha masa sea un grupo humano organizado y orientado sino para que sea un contingente de personas que consuma constantemente y con ansiedad y tan desorientado que ingiera o beba o coma o fume hasta cosas peligrosas comprando además nuevos objetos completamente inútiles y mucho más caros. Es el norte del poder económico.
El poder económico se fortalece y vive de un hecho muy sencillo: que le compren lo que vende. No importa que sean lápices, lácteos, verduras, equipos, armas, drogas, sistemas políticos, sistemas informáticos, bases de datos, asesoría, medios de comunicación, noticias, ideologías y un casi infinito etcétera. La cosa es que se les compre lo que venden y no se les cobre prácticamente nada, ni en impuestos, ni en responsabilidad social, ni en nada que afecte sus costos y por lo tanto sus márgenes de ganancia. El poder económico es voraz y no soporta encontrar límites a su accionar.
La figura presidencial de un país con materia prima como este, así como su equipo político, debe asegurar que esa eterna regla no se rompa pues eso amenazaría la “supervivencia” de las mega-empresas que conforman el poder económico. Por ello los diversos representantes comerciantes de ese poder negocian hasta lo infinito para que los Presidentes bailen al son que ellos quieren y todos bien.
Cuando esa negociación falla entonces el poder económico opta de una vez por la batalla frontal la cual utiliza tres mecanismos simultáneamente: la campaña mediática de satanización, la vía violenta (protestas, exigencias de renuncia, golpes de estado, paros…) y la vía leguleyérica (juicios políticos, invención de nuevos conceptos como la “deslegitimación por actos” para revertir la ley sagrada de “la mayoría gana”, malversaciones hábilmente tejidas, etcétera)
Apenas una pequeña porción de estas acciones de “batalla” se basa en realidades concretas y verdaderas fallas políticas del contrincante. Lo demás es un complicado tejido de mentiras, manipulaciones, tremendismo, amarillismo, exageración, a través del cual se busca montar una nube negra de dudas, de odio y de desasosiego sobre quienes, en condiciones normales, apenas pensarían “este no me gusta mucho, votaré por el otro en las próximas elecciones”, tal como sucedía antaño.
Esta fórmula suele ser sumamente efectiva, sembrar el factor miedo y el factor odio entre los votantes los hace negar hasta la misma validez de las mayorías votantes y el sentido de la democracia, para enredarse en incoherencias argumentales. Todo esto fruto del normal sin sentido conceptual que suele vender el medio de comunicación tradicional (máxima herramienta, cuando no protagonista per sé del poder económico mundial) cuando de vender ideas políticas y valores humanos se trata.
Una masa votante que odia y teme al “otro” es un tiro al piso para obtener en unas próximas elecciones la mayoría de votos (la cual entonces SI TENDRÁ VALIDEZ para efectos de propaganda) y así, una vez más, la historia sigue sin que se vean apenas rozados los negocios importantes (los cuales rara vez incluyen valores como: derechos humanos, ecología, igualdad, libertad de pensamiento, etc.
En nuestros tiempos modernos lo único que está, si se quiere, salvando a las masas de caer en su gran mayoría en el juego y contrajuego de mentiras de los poderes políticos “rebeldes” y el poder económico es LA DUDA.
Dudar se está convirtiendo en la mejor arma de los ciudadanos e infociudadanos para no seguir siendo masas previsibles, manipulables y borregas para beneficio de tanto político y comerciante que nos rodea.